
En general no me gustan los retratos ni los autorretratos (excepciones hechas de Rembrandt y poquitos más). Y, sin embargo, esta mujer pompeyana pintada en el año 79 siempre me ha fascinado.
Me deja fascinado porque veo en ella su apariencia; aquello que cada persona deja detrás una vez que se ha marchado.
Y me resulta fascinante porque en esta imagen están pintadas las palabras...las palabras que está pensando y aún no ha escrito. El devenir del tiempo congelado en un instante.
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